MADRID TURÍSTICO, Guía para viajeros

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Madrid: Fuente de la Cibeles

Madrid: Fuente de la Cibeles

martes, 24 de junio de 2014

EL MADRID MISTERIOSO Y OSCURO

 
 
Madrid es una ciudad sorprendente para los turistas que la visitan cada año. Son más de ocho millones los forasteros que, armados con cámaras de foto y vídeo, se dejan seducir anualmente por nuestra capital. Los que vivimos aquí y paseamos a diario por sus calles, sufrimos los desesperantes atascos y esquivamos el bullicio de la marea humana que a veces recorre las grandes avenidas, apenas prestamos atención y en muy pocas ocasiones nos paramos a contemplar la majestuosidad de algunos de sus edificios y monumentos, cargados de historia, ni tampoco le damos importancia al privilegio de tomar una cerveza fría en una terraza en una noche de verano, cuando se observa el mismo tráfico a las dos de la madrugada que a las doce del mediodía.
 
Pocos madrileños conocen con detalle su ciudad y menos aún sus monumentos o la historia de sus calles y avenidas más importantes. Un gran número de ellos reconoce incluso sin ningún pudor no haber visitado jamás el Palacio Real o no haber paseado por el interior del Museo del Prado, los mismos que se jactan de haber recorrido cada sala del Louvre en París o de haber pasado horas agarrados a las verjas de Buckingham Palace en Londres intentando, si la suerte acompañaba ese día, ver un cambio de guardia e ignorantes de que en Madrid, por ejemplo, el primer miércoles de cada mes, a las doce de la mañana, tiene lugar en el Palacio Real el relevo solemne de la guardia. Impresiona observar cómo desfilan lanceros y alabarderos, compañías de fusiles o piezas de artillería que serían las joyas de cualquier museo americano. Un viaje de cientos de años en el que intervienen más de cuatrocientos soldados y cien caballos que desfilan al compás de la banda de música de la Guardia Real, a los cuales la mayoría de madrileños aún no han descubierto.
 
Porque no hay que olvidar que Madrid es una ciudad con una gran historia a sus espaldas. Puede que sus inicios se remonten a la época de Mohamed I, allá por el año 870, cuando se construyó la primera fortaleza defensiva, aunque lo cierto es que se han encontrado en la zona vestigios de habitantes mucho más primitivos. Pocas capitales pueden presumir de una historia tan cargada de acontecimientos, sobre todo a partir de que Felipe II dictaminara que la corte, hasta entonces sin sede fija, se estableciera en Madrid. Solamente pasear por el barrio de los Austria da detalle del esplendor de una ciudad repleta de palacios, iglesias, templos, fuentes, museos...
 
Pero Madrid no se ha quedado anclado en el pasado. Sus empedradas calles fueron transformándose en anchas avenidas asfaltadas y se desarrolló una ampliación industrial y cultural que ha colocado a nuestra capital entre las más importantes del mundo, con una oferta cultural y gastronómica equiparable a la que puedan tener ciudades tan importantes como Londres, París o Nueva York.
 
Madrid hay que vivirlo, hay que recorrerlo a pie, disfrutando de sus bares y tiendas, de sus librerías, de sus terrazas, de sus calles peatonales, como Preciados o Fuencarral, abarrotadas de comercios, aprovechándose del buen carácter y amabilidad de su gente. Pero también nuestra ciudad esconde historias que se han contado de generación en generación y que muestran una cara menos amable de una ciudad que, al caer la noche, se transforma. Aquellos edificios que reflejaban el sol, al anochecer se ven atrapados en las sombras, y en calles donde a la luz del día solamente se observan bares y tiendas se pueden descubrir las marcas de terribles acontecimientos vividos en épocas no muy lejanas.
 
Historias de asesinatos, como el sucedido en el mesón del Lobo Feroz, cerca del actual mercado de la Cebada; de descuartizamientos, como el que cometió con sus propias manos el capitán Sánchez a principios del siglo XX en el actual emplazamiento de la plaza del Conde de Miranda; de presencias extrañas, que algunos aseguran haber observado recorriendo los pasillos del famoso Palacio de Linares, o de sonidos angustiosos y violentos movimientos de objetos como los que se vivieron en la inquietante «casa encantada de Vallecas» y de los que la policía fue testigo de excepción. Historias que a veces es mejor recordar para comprender que lo que hace verdaderamente importante a una ciudad es la unión de sus luces y sus sombras. Es necesario sumergirse en las profundidades de la parte oscura y truculenta para valorar con más intensidad todo lo demás.
 
En este blog encontrarás algunas de aquellas historias que hemos intentado olvidar o que quedaron atrapadas en el tiempo, con la seguridad de que, al terminar su lectura, la visión de la ciudad va a ser muy diferente, más completa. Calles por las que había pasado con anterioridad paseando o de compras, ahora le traerán el recuerdo de los oscuros acontecimientos allí vividos. Y es posible que alguna de las historias que aquí se cuentan consiga que no vuelva a pasear de noche por ciertas calles de Madrid o, al menos, le añadan a ese paseo un punto de inquietud y de aventura.


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